
Empieza en una atmósfera azul, como un acuario y con Juan Loriente bien vestido y fumando. El actor coge el bogavante y lo cuelga de unos hilos. El invertebrado queda flotando en el espacio. Luego le pone un amplificador en el caparazón para que se oiga el latir de su corazón (situado en la parte baja de la cabeza, entre la aorta interior y la aorta posterior por encima del intestino y del estómago masticador). Los latidos se manipulan por ordenador y la tensión es alta. El actor pasea y, entre tanto, la plancha que tiene delante se calienta. Tras unos largos minutos, el actor descuelga el bogavante y siguiendo las normas de cocina cantábrica lo atonta, lo corta y lo pone en la plancha. Luego se lo come. Fin.